Los biólogos están convencidos que las células del cuerpo humano se comunican entre sí. Lo hacen a través de un lenguaje molecular desconocido y que, “para comprender su funcionamiento habrá que volver a la ciencia básica”.
Pero ¿qué es ciencia básica?
Para los mortales que vamos en metro es una pregunta difícil de responder. ¿Quizá sea aquello que explica el funcionamiento complicado de una cosa? o ¿la cosa que complica el funcionamiento de aquello?
Pero, si nos referimos a la comunicación entre los humanos ¿qué sería ciencia básica?
Quizás, aquello inexplicable que hace que lo más sencillo parezca muy complicado.
Así es. La comunicación parece fácil pero siempre acaba complicando la vida cotidiana. El ser humano, superdotado de palabras y gestos para comunicarse con los demás, cuenta a miles sus fracasos diarios para hacerse comprender con su pareja, sus hijos; los compañeros de oficina y la gente que viaja en el metro.
Por eso, la comunicación está de moda.
Los periódicos tienen una sección de comunicación y sus artículos de opinión acaban asegurando, “entender a los ‘otros’ planteará el reto social más grande del siglo XXI”.
Y piensas:
-Si yo no quiero entender a los otros... si es que es imposible... que la gente es mu’ rara. Todavía nos acordamos de aquella persona que dijo:
-No me pienso comprar un móvil.
Meses más tarde:
-Lo necesito para trabajar –se defendía.
Y hoy, cuando llega a casa, llama convencido:
-Cariño, estoy aparcando… ahora subo.
Y a la vista que es difícil entenderse con los humanos, hay gente que cree que los ‘otros’ son los extraterrestres.
Personalmente, creo que hace tiempo que están aquí. Por lo que parece cuando vas a determinadas empresas, extraterrestres los hay por todas partes.
Hace unos días, tuve que ir al hospital. No es nada grave, ese no era el problema.
De entrada, la gente que te atiende lo hace detrás de un mostrador que más bien parece una replica de la muralla china de madera de aglomerado blanco. Suerte hay de los letreros. Porque ¿han visto los letreros que alicatan los mostradores de los hospitales? Los hay de todo tipo: “Aquí las urgencias las hacemos enseguida, los milagros tardamos un poco más” o, “Estamos trabajando, no moleste”:
-Oiga, perdone la molestia, pero es que me he dado un peñazo con la moto y tengo las piernas cambiadas ¿a qué hora puedo venir?
Hay otros letreros que indican una buena organización: “Información allí”.
Son creativos. Están hechos con papel de recetas, adheridos al primer sitio que pillan con esparadrapo del 8, escritos a mano con rotulador rojo y remarcado con fluorescente. Y vas “allí”, al otro mostrador, pero “allí”, hay otro letrero: “Información allá”, con una flecha inmensa, señalando el mostrador del “allí”. Y tú, en medio del “alli” y el “allá”, con una carta que dice que acudas para hacerte un TAC en el TIC.
Pero, lo que más llama la atención es el letrero que está pegado en la consulta del médico. La puerta está cerrada y tiene una pequeña nota colgada a la altura de la cintura. Te acercas, te agachas y lees:
“No llame, ya sabemos que está ahí”...
¡¿Cómo lo saben?!... ¡¡¡Al menos que lo digan... que da miedo!!!
Efectivamente, son cosas de extraterrestres. Porque... y ¿la cara que hacen algunos? No parecen muy amigos cuando te atienden:
-Oiga... perdone, donde están las consultas externas?
- Al fondo a la derecha.
- Perdone, consultas externas... al lavabo ya he ido.
Y miras al fondo a la derecha y ves tres edificios inmensos, un parking y unas obras:
- Oiga, ¿no podría darme alguna pista más?
- Cuando llegue allí, pregunte.
-No, si, ya. ¡Claro que preguntaré!
Y no te vas porque con la angustia que te da no saber las cosas, te entran ganas de cachondeo:
-Oiga, mire, yo me acerco hasta el fondo a la derecha y voy probando.
Usted, me mira y según si ve que acierto o no, me va gritando desde aquí: ¡frío! ¡caliente!... ¿vale?
-¡Que, ¿de coñas?!... A mi no me pagan para ser simpático, señor –contesta alguien desde las profundidades del mostrador.
Y te vas para no molestar y tener un mal día.
Pero lo peor está por venir.
Cuando ya estás en aquel inmenso fondo, en aquella inmensa derecha, perdido, absolutamente perdido, tus pulsaciones empiezan a acelerarte, te viene un sentimiento de idiota por no saber donde estás; el miedo y la angustia de llegar tarde se apoderan de tí y te viene una necesidad incontrolable: “¡Preguntaré a alguien!”
Buscas a gente que lleve bata blanca. Pero, es curioso, cuando pasan cerca de ti, en un segundo, aceleran su marcha... ¡El reprisse de esta gente no es normal! Y cuando consigues parar a alguien y explicarle lo que necesitas, la respuesta siempre es la misma:
-Perdone... es que yo no soy de aquí!
¡¡¡Lo ven como ya han llegado los extraterrestres!!!
Pero ¿qué es ciencia básica?
Para los mortales que vamos en metro es una pregunta difícil de responder. ¿Quizá sea aquello que explica el funcionamiento complicado de una cosa? o ¿la cosa que complica el funcionamiento de aquello?
Pero, si nos referimos a la comunicación entre los humanos ¿qué sería ciencia básica?
Quizás, aquello inexplicable que hace que lo más sencillo parezca muy complicado.
Así es. La comunicación parece fácil pero siempre acaba complicando la vida cotidiana. El ser humano, superdotado de palabras y gestos para comunicarse con los demás, cuenta a miles sus fracasos diarios para hacerse comprender con su pareja, sus hijos; los compañeros de oficina y la gente que viaja en el metro.
Por eso, la comunicación está de moda.
Los periódicos tienen una sección de comunicación y sus artículos de opinión acaban asegurando, “entender a los ‘otros’ planteará el reto social más grande del siglo XXI”.
Y piensas:
-Si yo no quiero entender a los otros... si es que es imposible... que la gente es mu’ rara. Todavía nos acordamos de aquella persona que dijo:
-No me pienso comprar un móvil.
Meses más tarde:
-Lo necesito para trabajar –se defendía.
Y hoy, cuando llega a casa, llama convencido:
-Cariño, estoy aparcando… ahora subo.
Y a la vista que es difícil entenderse con los humanos, hay gente que cree que los ‘otros’ son los extraterrestres.
Personalmente, creo que hace tiempo que están aquí. Por lo que parece cuando vas a determinadas empresas, extraterrestres los hay por todas partes.
Hace unos días, tuve que ir al hospital. No es nada grave, ese no era el problema.
De entrada, la gente que te atiende lo hace detrás de un mostrador que más bien parece una replica de la muralla china de madera de aglomerado blanco. Suerte hay de los letreros. Porque ¿han visto los letreros que alicatan los mostradores de los hospitales? Los hay de todo tipo: “Aquí las urgencias las hacemos enseguida, los milagros tardamos un poco más” o, “Estamos trabajando, no moleste”:
-Oiga, perdone la molestia, pero es que me he dado un peñazo con la moto y tengo las piernas cambiadas ¿a qué hora puedo venir?
Hay otros letreros que indican una buena organización: “Información allí”.
Son creativos. Están hechos con papel de recetas, adheridos al primer sitio que pillan con esparadrapo del 8, escritos a mano con rotulador rojo y remarcado con fluorescente. Y vas “allí”, al otro mostrador, pero “allí”, hay otro letrero: “Información allá”, con una flecha inmensa, señalando el mostrador del “allí”. Y tú, en medio del “alli” y el “allá”, con una carta que dice que acudas para hacerte un TAC en el TIC.
Pero, lo que más llama la atención es el letrero que está pegado en la consulta del médico. La puerta está cerrada y tiene una pequeña nota colgada a la altura de la cintura. Te acercas, te agachas y lees:
“No llame, ya sabemos que está ahí”...
¡¿Cómo lo saben?!... ¡¡¡Al menos que lo digan... que da miedo!!!
Efectivamente, son cosas de extraterrestres. Porque... y ¿la cara que hacen algunos? No parecen muy amigos cuando te atienden:
-Oiga... perdone, donde están las consultas externas?
- Al fondo a la derecha.
- Perdone, consultas externas... al lavabo ya he ido.
Y miras al fondo a la derecha y ves tres edificios inmensos, un parking y unas obras:
- Oiga, ¿no podría darme alguna pista más?
- Cuando llegue allí, pregunte.
-No, si, ya. ¡Claro que preguntaré!
Y no te vas porque con la angustia que te da no saber las cosas, te entran ganas de cachondeo:
-Oiga, mire, yo me acerco hasta el fondo a la derecha y voy probando.
Usted, me mira y según si ve que acierto o no, me va gritando desde aquí: ¡frío! ¡caliente!... ¿vale?
-¡Que, ¿de coñas?!... A mi no me pagan para ser simpático, señor –contesta alguien desde las profundidades del mostrador.
Y te vas para no molestar y tener un mal día.
Pero lo peor está por venir.
Cuando ya estás en aquel inmenso fondo, en aquella inmensa derecha, perdido, absolutamente perdido, tus pulsaciones empiezan a acelerarte, te viene un sentimiento de idiota por no saber donde estás; el miedo y la angustia de llegar tarde se apoderan de tí y te viene una necesidad incontrolable: “¡Preguntaré a alguien!”
Buscas a gente que lleve bata blanca. Pero, es curioso, cuando pasan cerca de ti, en un segundo, aceleran su marcha... ¡El reprisse de esta gente no es normal! Y cuando consigues parar a alguien y explicarle lo que necesitas, la respuesta siempre es la misma:
-Perdone... es que yo no soy de aquí!
¡¡¡Lo ven como ya han llegado los extraterrestres!!!
